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La Iglesia en los medios Briozzo: “El aborto seguro es un aporte de Uruguay a la región”

LA REPÚBLICA |

El proyecto para despenalizar el aborto en Uruguay bajo ciertas condiciones, que votará el miércoles el Senado, se inspira en el trabajo realizado durante la última década por obstetras uruguayos y es un aporte del país a la región, según el viceministro de Salud, Leonel Briozzo.

Basado en la utilización del misoprostol, un fármaco para las úlceras que evita las hemorragias y facilita la expulsión del feto, el sistema creado en Uruguay ha reducido drásticamente las muertes maternas por abortos clandestinos.

Actualmente, la legislación uruguaya ofrece asesoramiento pre y post aborto a las mujeres que así lo desean, aunque los médicos solo pueden aconsejar y no practicar la interrupción del embarazo. Y las mujeres deben obtener el misoprostol en el mercado negro.

Si el proyecto de ley prospera, ese asesoramiento -por parte de un equipo de al menos tres profesionales- será obligatorio, al igual que la realización de los abortos por parte del sistema de salud.

Las feministas cuestionan que se someterá a las mujeres a un “tribunal” antes de poder abortar y que implica una forma de poder que los médicos ejercen sobre las mujeres.

“Es un camino distinto del que pensábamos inicialmente”, reconoció Leonel Briozzo, firme partidario de la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo y ginecólogo de profesión.

Pero “hay claramente un cambio cualitativo en estos últimos veinte o treinta años con respecto a la visibilización del feto y el embrión como un potencial sujeto de derechos que hace muy difícil entrar al tema con los viejos argumentos que sirvieron en Europa en los años setenta”, sostuvo.

Briozzo explicó que con la llegada de las ecografías, a veces tridimensionales, “el valor social del embrión y el feto ha crecido sustantivamente”, complicando la defensa de la posibilidad de abortar desde la óptica feminista tradicional de los “derechos de la mujer”.

Observados por la región

Mientras las feministas critican la nueva legislación, por considerarla restrictiva, los sectores sociales conservadores la consideran un atentado contra la vida y califican el sistema de asesoramiento, promovido en la última década por la organización Iniciativas Sanitarias, de “legalización de facto”.

Briozzo no es ajeno a la construcción del complejo entramado de normas que permitió convertir el aborto en una realidad casi cotidiana a pesar de estar penado por la ley. “Se avanzó por la vía del derecho a la atención sanitaria, un derecho muy arraigado en Uruguay”, reconoció.

Los defensores del sistema aseguran que disminuye el número de abortos porque incluye a las mujeres (especialmente las más pobres) en la redes de salud y mejora la contracepción.

En América Latina solo Cuba y Ciudad de México autorizan la interrupción voluntaria del embarazo. Todos los vecinos de Uruguay lo prohíben y la llegada de gobiernos progresistas no ha puesto el tema en la agenda política.

Para Briozzo “la explicación es claramente que América Latina es el último reducto que tiene la Iglesia Católica apostólica romana”.

En los últimos años, responsables políticos y médicos de muchos países de América Latina han viajado a Montevideo para asesorarse sobre el uso del misoprostol y copiar el sistema uruguayo.

Iniciativas Sanitarias es el epicentro de este trabajo de “exportación”. Sus equipos médicos viajan constantemente para impartir cursos y crear estructuras sanitarias a petición de las autoridades locales.

Como sucedió hace diez años en Uruguay, hospitales de Argentina, Brasil o Venezuela están adoptando sistemas para acompañar a las mujeres en la difícil decisión de abortar. Actúan siempre al filo de la ley, pero “la profesión médica tiene riesgos inherentes; si uno no está dispuesto a correrlos, que haga otra cosa”, dijo Briozzo.

A pesar de que en Brasil el aborto es ilegal, el viceministro destacó que existe un convenio para poner en práctica las técnicas del “aborto seguro” en los estados de Bahía, Minas Gerais y Rio Grande do Sul.

“Las prácticas de aborto seguro son el principal aporte sanitario de Uruguay a la región”, consideró.

Además, Briozzo cree que el aborto medicamentoso debería generalizarse en el mundo, incluyendo a Europa, donde muchas veces se recurre al aborto quirúrgico, “menos indicado e inseguro”.

Algo provocativo, el médico uruguayo califica al misoprostol de “penicilina del siglo XXI”.

“Creo que el aborto con medicamento marca una revolución en la especie humana porque es la primera vez que la mujer puede autogestionar el aborto de manera segura. Por lo tanto, creo que es la dirección del futuro”, concluyó Briozzo.