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Mons. Pablo Galimberti «Brasil; vergüenza y humillación»: reflexión de Mons. Pablo Galimberti

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Durante una visita a Roma los obispos uruguayos fuimos invitados a un almuerzo con el Papa Juan Pablo II. Apenas tomamos asiento, su secretario, polaco, puso el tema del fútbol sobre la mesa. Nos pintó una sonrisa en la cara cuando dijo “Uruguay tiene buen fútbol”. Pero sin darnos tiempo de sacar pecho vino el golpe bajo: ¡pero el fútbol europeo es mejor!

Maniatados para no romper la cortesía, los ojos atropellaron al polaco. Sonriente, el Papa nos dio una mano:¡es la primera vez que se habla de fútbol en esta mesa!

El obispo Daniel Gil “con mucha cancha” retomó el tema y explicó al Papa que en nuestro país el fútbol proporciona muchas comparaciones o metáforas aplicables a la vida corriente. “Sudar la camiseta”, sacarle a uno “tarjeta roja o amarilla” o “dejar a uno en el banco de suplentes”, son algunos ejemplos.

Dicho esto comparto algunos ecos de la prensa escrita de Brasil para compararlos con la reacción de los uruguayos luego de nuestra mediocre participación en el mundial.

En Brasil, el fútbol colorea el animado paisaje social. La goleada del martes fue calificada como “catástrofe”, para jugadores, hinchada, prensa y una sociedad que vibra al compás del fútbol.

El ex zaguero Edinho, que disputó tres copas (1978, 82 y 86) habló de “tragedia total”. Pelé dijo que esta goleada vergonzosa nadie la esperaba; el fútbol es una caja de sorpresas. Pero es optimista y Brasil buscará su sexta copa en Rusia 2018!

Para Fred, el jugador brasilero más criticado durante la Copa, el partido contra Alemania es una cicatriz que quedará marcada para toda la vida; pero tendremos que buscar una fuerza mayor para superar esta adversidad.”

La gente tiene que tener humildad. Precisamos hacer una parada y repensar el fútbol brasilero, no sólo dentro del campo de juego, sino también fuera de él, afirmó el ex volante Wilson Piazza, campeón con Brasil en la Copa del 70.

Algunos se sorprendieron viendo a David Luiz, capitán del equipo, rezando, ya que muchos suponen que en una derrota Dios estaría ausente. Para sorpresa, este futbolista declaró: “agradezco a Dios la posibilidad de haber podido jugar otro mundial”. La derrota, añadió, contiene un aprendizaje para la vida.

Traigo estos ecos porque me interesa mirar a nuestra selección celeste, con un desempeño mediocre, ni muy arriba ni muy abajo.

Muchos uruguayos quedaron atorados con la sanción contra Suárez. Y en lugar de mirar hacia delante, se sumaron a una barra brava real o virtual, lanzando insultos contra la FIFA. La prepotencia de este organismo no es de ahora, pero lo triste es que otra vez los uruguayos evitamos examinar a fondo la situación de nuestro fútbol, que es también espejo de nuestra sociedad.

Franklin Morales escribió con agudeza sobre el invento de la “garra charrúa”. Dice que en los años treinta la superioridad de nuestro fútbol estaba amenazada. Fue entonces que se echó mano a un talismán: bastaba ponerse la camiseta celeste para que, bañados de mágicos poderes, los futbolistas uruguayos convocaran a los dioses en su ayuda a través de “la garra”… Podíamos despreciar todo lo que fuera trabajo, planificación, esfuerzo, paciencia… para llegar a objetivos precisos… El convencimiento colectivo adormeció todo afán de superación…” (La garra celeste. Enciclopedia Uruguaya, N. 42).

Estupendas pinceladas. Lo que me preocupa es que entre nosotros no veo una saludable humillación, esas ganas de mejorar, aprender de la derrota y superar la mediocridad. La velocidad del fútbol que hemos visto en estos días, por ejemplo, nos supera. Debemos cuidar para no quedar atornillados al imaginario de Maracaná. Los brasileros mordieron el polvo y conquistaron después cinco veces la Copa del Mundo.

¿Será que nos cuesta hacer un diagnóstico a fondo y preferimos mentirnos, disimular, esquivar el bulto y proyectar culpas a otros o a cualquier circunstancia adversa? Esos comportamientos primitivos e ingenuos no nos ayudan a crecer.

Como decía al comienzo, el fútbol es espejo de la idiosincrasia de los brasileros y también de los uruguayos. Seguramente ellos volverán a sacar enseñanzas. ¿Y nosotros?

Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti, publicada en Diario «Cambio» del viernes 11 de julio de 2014