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Tiempo de la Creación

La Iglesia en los medios Benedicto XVI, un invitado de honor del pueblo libanés

EL OBSERVADOR |

Visita papal. Un mensaje de esperanza que llegó como brisa fresca a un Medio Oriente en llamas

JULIA MENDOZA DESDE BEIRUT ESPECIAL PARA EL OBSERVADOR

El balance de este viaje es sumamente positivo”, fueron las palabras de Federico Lombardi, portavoz del Vaticano que acompañó al santo padre en su viaje al Líbano. Nada podría atreverse a contradecirlo, ya que los hechos sobrepasaron las expectativas.

Las últimas semanas antes de que Benedicto XVI saliera rumbo a Oriente Medio, estuvieron cargadas de un fuerte escepticismo. La inacabable violencia en Siria y sus reflejos en el norte de Líbano hacían temer que el viaje pudiera cancelarse. Pero los libaneses vieron el cielo abierto cuando Lombardi mismo salió a ratificar que su santidad iría al Líbano diciendo que el papamóvil ya había sido enviado.

Durante las últimas dos semanas se desplegó una enorme campaña de bienvenida en la que parecía que cada municipio, cada pueblo, cada barrio competía por tener más banderas del Vaticano, fotos del papa y mensajes en varios idiomas. En algunos carteles se podía leer en francés frases como: “Santo padre lo extrañamos, bendíganos”. En la mayoría de las inscripciones aparecía la palabra paz: “Os doy la paz”, frase clave en estas jornadas y en estas latitudes.

Unos días antes, el mismo Hezbolláh hizo aparecer sus pancartas de bienvenida con la cara del papa y una frase de acogida. Además, el día de la llegada de su santidad al país, hizo poner al costado de la ruta principal a sus niños scouts para que lo saludaran en cuanto saliera del aeropuerto.

Un mensaje claro y directo que Benedicto XVI repitió en todos sus encuentros fue la importancia de la paz, del diálogo, del ejemplo que debe dar en este sentido el Líbano. No debe olvidarse que en él conviven comunidades cristianas tan distintas como la católica maronita, armena, siríaca, greco católica, ortodoxa, protestante y las comunidades musulmanas sunita, chiíta y druza.

“El papa ha sido muy bien recibido por cristianos y musulmanes”, afirmó Lombardi en una rueda de prensa después del último encuentro multitudinario que tuvo lugar en la mañana del domingo en Beirut. Allí se vio a los distintos líderes políticos y representantes religiosos en las primeras filas de la Santa Misa que celebró Benedicto XVI frente a más de 350 mil personas.

“Amén a los musulmanes, recen por ellos, ellos son sus hermanos” dijo expresamente el papa a los obispos de Medio Oriente, palestinos, sirios, egipcios, iraquíes y libaneses. A lo que el arzobispo iraquí, monseñor Kirkouk vino a responder a los medios de comunicación: “No nos queda otra opción que la paz”. El mensaje del Benedicto XVI, la exhortación apostólica de la iglesia en Medio Oriente, “debe servir para eliminar las barreras entre nosotros (cristianos) y también entre cristianos y musulmanes” insistió Kirkouk en conferencia de prensa.

Por su parte, los jóvenes no dejaron de demostrarle al santo padre su afecto el sábado por la tarde en un encuentro especial para ellos.

A los gritos de “Baba Mubarak nehna mhebak” (papa Benedicto nosotros te queremos), esperaron desde las 11 de la mañana, bajo un sol de verano, hasta las seis de la tarde para poder recibir su mensaje. Se veía entre la multitud a jóvenes procedentes de distintas zonas y países, a pesar de las grandes dificultades para llegar. Allí estaban cristianos de Iraq y Siria, así como también de Palestina y Egipto. Muchos de estos jóvenes pudieron experimentar que “no están solos”, como dijo el papa a los sirios presentes. Estas palabras fueron recibidas con grandes aplausos también por aquellos jóvenes que son muchas veces perseguidos por minorías en sus propios países.

Sin problemas, ese día con los jóvenes se vivió como una fiesta de música y regalos cargados de mucha significación porque venían de todos aquellos países de Medio Oriente. El papa animó a todos a no dejarse llevar por el miedo, ni el odio. E invitó a los jóvenes cristianos a comprometerse con su fe y a ser testigos de ella para los demás.

También agradeció particularmente a los jóvenes musulmanes que se encontraban allí. Luego, dirigiéndose a todos los presentes, Benedicto XVI les dijo: “Es necesario que todo Medio Oriente, viéndolos a ustedes, comprenda que los musulmanes y los cristianos, el Islam y el Cristianismo, pueden vivir juntos, sin odio en el respeto por las creencias de cada uno para construir juntos una sociedad libre y humana.”

El domingo tuvo lugar la multitudinaria misa y por la tarde, luego de un encuentro con los patriarcas y representantes de comunidades cristianas, se trasladó al aeropuerto. Allí agradeció al pueblo libanés y autoridades y terminó reafirmando su misión como mensajero de paz: “Deseo que el Líbano siga permitiendo la pluralidad de las tradiciones religiosas, sin dejarse llevar por la voz de aquellos que se lo quieren impedir. Le deseo que fortalezca la comunión entre todos sus habitantes, cualquiera que sea su comunidad o su religión, rechazando resueltamente todo lo que pueda llevar a la desunión y optando con determinación por la fraternidad”.

A la hora 19.10 local de Beirut su avión se dirigió rumbo al Vaticano. En las manos de los libaneses queda el estudio y la iniciativa para poner por obra las conclusiones de la exhortación apostólica y las palabras de su santidad.

Breves

Ejemplo. En una porción de tierra pequeñísima -repleta de iglesias y mezquitas-, estudiantes y trabajadores de distintas religiones y orígenes conviven día tras día, desafiando las tensiones provocadas por el fanatismo político-religioso y demostrando que es posible vivir juntos.

Visita. Fue el vigésimo cuarto viaje realizado por el papa Ratzinger en sus siete años de pontificado y el cuarto a la zona, tras los efectuados en 2006 a Turquía, en 2009 a Tierra Santa -donde visitó Jordania, Israel y los Territorios Palestinos- y en 2010 a Chipre.

Multitud. La misa del domingo se celebró por espacio de tres horas, al aire libre, con alta temperatura y ante centenares de miles de personas. Durante la ceremonia se desarrolló un intenso despliegue del Ejército y de las fuerzas de seguridad, que incluyó patrullas marítimas.

Lo dijo

Benedicto XVI

Sumo pontífice de la Iglesia Católica

“Deseo que el Líbano siga permitiendo la pluralidad de las tradiciones religiosas, sin dejarse llevar por la voz de aquellos que se lo quieren impedir”