Iglesia al día

" Dios quiere que lo llamemos Padre con la confianza de un niño que se abandona en los brazos de quien le ha dado la vida. "
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Ruben Isidro Alonso, Padre Cacho

Siervo de Dios

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Cerca de 4.000 personas y más de 50 carritos de clasificadores acompañaron aquél 4 de setiembre el coche lúgubre que llevaba al Padre Cacho al Cementerio del Norte. Sus restos iban en un cajón cubierto con la bandera de Uruguay, sobre un carro de clasificador acondicionado con flores, guiado por un caballo blanco, el más elegante del barrio. La caravana recorrió las nueve comunidades que habían surgido por impulso de Ruben Isidro Alonso, el cura que había vivido con ellos y peleado por sus derechos.

La sociedad uruguaya le debe mucho a este hombre nacido en el barrio Villa Dolores el 15 de mayo de 1929, hijo de Dámaso Alonso -maestro panadero- y de María Candelaria Alonso, costurera y ama de casa. Era el quinto de seis hermanos y a los 12 años ingresó al Seminario Salesiano en Manga, en Montevideo.

María Candelaria Alonso celebra los 80 años en familia en 1972. Sus hijos de izquierda a derecha: Julio, Polola, María Elvina, Albérico, Luis y "El Chiquito", como le decían a Cacho en la familia /Gentileza M. Clara

María Candelaria Alonso celebra los 80 años en familia en 1972. Sus hijos de izquierda a derecha: Julio, Polola, María Elvina, Albérico, Luis y “El Chiquito”, como le decían a Cacho en la familia /Gentileza M. Clara

Se ordenó sacerdote el 22 de noviembre de 1959 y desempeñó su ministerio en los Talleres Don Bosco y el colegio Nuestra Señora del Rosario de Paysandú. Estuvo en Salto y en Rivera, donde hizo una experiencia diferente junto con otros dos compañeros. Eso duró dos años. A su regreso a Montevideo, el padre pidió el alejamiento temporal de los salesianos y se mantuvo como sacerdote de la diócesis de Montevideo.

El padre Jorge Techera, su vecino de toda la vida y hermano en el sacerdocio, lo acompañó a plantear su inquietud a Mons. Carlos Partelli en 1977. Cacho quería continuar con su experiencia de cercanía con los más necesitados. “El Obispo le dijo que no solo le daba permiso, sino que ojalá muchos otros tomaran su camino”, relató al portal de la Iglesia Católica de Montevideo el Padre Techera.

“Siento la imperiosa necesidad de ir a vivir en un barrio de pobres y hacer como hacen ellos. No como táctica de infiltración, de camuflaje o demagogia, ni siquiera como gesto profético de nada, sino para encontrar a Cristo en cada uno, porque sé que vive allí, que habla su idioma, que se sienta a su mesa, que participa de sus angustias y esperanzas”. Frase escrita por el Padre Cacho y encontrada entre sus cosas después de su muerte.
El Padre Cacho fue designado a la parroquia de los Sagrados Corazones de la calle Possolo, en Las Acacias. Quería acercarse más a la gente del barrio pero no sabía cómo concretarlo. “Yo estaba en esa angustia de cómo dar el paso cuando un día aparece una señora en la Parroquia pidiendo que un padre fuera a hacer algo por los jóvenes”, contó el sacerdote en una charla en el Colegio Pío Latinoamericano de Roma en 1984, publicada en el libro “Un cacho de Dios”, escrito por Julio César Romero.

Así se metió más en el barrio, por medio de encuentros con unos muchachos jóvenes que lo interpelaban. Recibía comentarios del estilo de “decís eso porque no vivís acá”, “si vivieras acá verías que todo es muy distinto”. Cacho asumió el desafío: “Consíganme un lugar y yo vengo”, les dijo. Los chicos hicieron un rancho y lo invitaron, y dos de ellos se quedaron con él para acompañarlo.

Uno más entre los pobres
Cacho se convirtió en uno más en Plácido Ellauri. Sacerdote siempre, con una profunda preocupación por los que lo rodeaban. “Compartir con el Padre Cacho un día de tareas en el barrio significaba tener una charla mano a mano, discutiendo la problemática de la gente y sus necesidades”, relató doña Dora, vecina, al escritor Romero.

El sacerdote se involucró con los problemas de los demás. Hacía gestiones ante las comisarías -el país estaba en dictadura y los marginados muchas veces eran detenidos- y atendía a todos los que se lo pedían. Trabajó con los “requecheros” o “hurgadores”, y además de promover que hicieran su tarea con una mayor dignidad, promovió para ellos un nombre menos estigmatizante, el de “clasificadores”.

El P. Cacho celebrando Misa en la bloquera de San Vicente /Gentileza M. Clara

El P. Cacho celebrando Misa en la bloquera de San Vicente /Gentileza M. Clara

Los desalojados acudieron a su ayuda y Cacho intercedió para que pudieran organizar una cooperativa y construir viviendas. Nueve zonas surgieron de su iniciativa, que contó con el apoyo de cientos de voluntarios externos que iban a trabajar o donaban dinero.

Pero el eje de su labor no era ese. “No vine aquí a construir casas -confesaba a un sacerdote amigo-, pero si la gente quiere vivir mejor, yo tengo que acompañarlos”. Acompañar, aseguran sus biógrafos, es la actitud que definió su presencia en el barrio y su actividad en lo que actualmente es la Organización San Vicente – Obra Padre Cacho.

Lo suyo tampoco era la política. Como había enseñado San Juan Bosco, su interés estaba en “la política del Padre Nuestro”. “Fue un ejemplo de entrega a los demás, de espíritu de servicio. Vivió esa frase evangélica que dice que ‘el que quiera ser el primero, sea servidor de los demás’. Amaba mucho”, resumió el P. Techera.

El Padre Cacho propició la fundación del Movimiento pro Vivienda Decorosa (MOVIDE), que más adelante se transformó, con la misma sigla, en el Movimiento pro Vida Decorosa. Una de sus últimas grandes alegrías fue la conformación de una Cooperativa de Vivienda para Jóvenes (COVIJO), integrada por los hijos de los primeros vecinos de aquél primer barrio.

“Testimonio vivo de Jesús”
“No vino con la misión de dar de comer, venía a enseñarte y lo primero por lo que luchaba era por que fueras persona y por tu dignidad. Te hacía valer los derechos, era un tipo con garra, uruguayo de ley”, declaró a Romero una de las vecinas de Plácido Ellauri, Angélica Ferreira.

Cuando hace unos años fue consultado por Montecarlo sobre la figura de este sacerdote, el Cardenal Daniel Sturla remarcó su “vida ejemplar” y aseguró que “fue un testimonio vivo de Jesús”. “Esto se debió a la dimensión de oración que vivía”, agregó.

El Padre Techera lo recordó como alguien “muy piadoso, muy unido a Dios en todo lo que hacía. Era de esa gente que trasunta el Evangelio, era realmente un hombre de Dios”. Este sacerdote amigo recuerda que Cacho siempre pensaba qué haría Cristo en su lugar, y actuaba en consecuencia.

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Marcelo y Gabriel, jóvenes de COVIJO, celebrando el cumpleaños de Cacho /Gentileza M. Clara

Con el tiempo la salud del Padre Cacho se deterioró. En 1992 comenzó a vivir la mayor parte del tiempo en la Parroquia. Pero un cáncer generalizado obligó su traslado al Hogar Sacerdotal. “El barrio vivió su enfermedad con mucha angustia (…). En todos lados era una congoja, hasta en las escuelas se rezaba por Chacho, todos pedían por él”, testimonió Ferreira.

Murió el 4 de setiembre de 1992. El velorio fue en la Parroquia, que estaba abarrotada de gente. Al día siguiente se celebró Misa en el exterior de la iglesia. Presidió el Arzobispo de Montevideo, Mons. José Gottardi, y asistieron numerosos sacerdotes y una multitud de personas.

Una caravana de carritos lo llevó por las nueve cooperativas que habían surgido gracias a su impulso. “Eso no se logra con una convocatoria por altoparlantes, sino con una vida de entrega”, reflexionó el Padre Techera. Lo enterraron en el Cementerio del Norte. Diez años después, los clasificadores de residuos llevaron sus restos, en procesión por distintos barrios de Montevideo, hasta la Parroquia de los Sagrados Corazones. El 10 de setiembre de ese año, 2002, la Cámara de Diputados uruguaya le rindió homenaje.

En setiembre de 2014 el Arzobispo de Montevideo, Mons. Daniel Sturla, anunció el comienzo de la investigación sobre el Padre Cacho con el objetivo de iniciar su causa de canonización. Este domingo 19 de febrero de 2017 el Cardenal anunció la declaración del Padre Ruben Isidro Alonso como Siervo de Dios, lo que implica que “nada obsta” para que comience el proceso que podría llevar a declararlo santo. A partir de este momento se puede acudir al Padre Cacho para pedirle favores a Dios.


Fuente: http://icm.org.uy/cacho-sacerdote-se-pobre-servir-los-demas/