Iglesia al día

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La Iglesia en los medios “AMLO da demasiada entrada a los principios religiosos en política y muchos nos preguntamos si es la mejor solución” para México

EL OBSERVADOR |
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La relación entre la iglesia católica y el Estado en México fue tan complicada históricamente que en los siglos XIX y XX estuvo entre los motivos centrales de tres guerras.

Pero, mucho ha cambiado desde 1991 cuando el Estado mexicano y el Vaticano restablecieron relaciones. Se hicieron reformas en las leyes que le dieron a la iglesia existencia formal y se le hicieron concesiones a la libertad de culto.

A diferencia de otras elecciones en América Latina, en México no fue decisivo el voto religioso.

Sin embargo, con Andrés Manuel López Obrador (AMLO) como presidente, se podría llegar a otra etapa en las relaciones entre religión y política en México, apunta en una entrevista con BBC Mundo, Bernardo Barranco, un reconocido sociólogo que está especializado en religión.

“AMLO es un presidente muy peculiar. Con una actitud religiosa difusa. Algunos hablan de un tipo de new age, un coctel de varias religiones”, apunta.

La siguiente fue la conversación que sostuvo con BBC Mundo.

¿Cuál es la relación entre la iglesia y el Estado en México?

México es un país con una tradición de Estado laico. La separación entre la iglesia y el Estado se dio en el siglo XIX con el presidente Benito Juárez. Con las Leyes de Reforma se arrebata el poder económico, político, moral y social que tenia la iglesia durante todo el periodo colonial.

Pero Juárez, liberal por antonomasia, hace esta separación.

Esa separación ha costado la vida de miles de mexicanos…

Sí. En el país hemos tenido tres guerras por las constantes incursiones de la iglesia católica, que ha tratado de incidir en la agenda política y social del Estado.

La primera fue la Guerra de Reforma (1858-1861) que terminó con la victoria de los liberales que establecieron que la iglesia no debe intervenir en la agenda pública, pero tampoco el Estado debe intervenir en asuntos internos de la iglesia.

En la Segunda Intervención Francesa (1862-1867), en la que los sectores más conservadores, entre los que estaba la iglesia, intentaron implantar una monarquía constitucional.

En la Guerra Cristera (1926-1929) los sectores más cercanos a la Iglesia pelearon contra las leyes que limitaban el culto religioso.

Tras la Guerra Cristera, que fue especialmente cruenta con la muerte de unas 200.000 personas, el Estado postrevolucionario se radicalizó. Al menos en papel excluyó totalmente a la iglesia de la vida pública y no le reconocía la existencia jurídica, no podía poseer bienes.

Entonces, ¿cómo operaba la iglesia?

Existió a través de una especie de hipocresía social. La sociedad y el Estado toleraban que se moviera y tuviera presencia a través de asociaciones civiles y prestanombres.

Las cosas cambiaron en 1992 con el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, que México restableció relaciones con el Vaticano. Se hicieron reformas en las leyes que le dieron a la iglesia existencia formal y se le hicieron concesiones a la libertad de culto.

Entonces esa tradición “laicista” que usted considera militante contra lo religioso ¿es particular de México en América Latina?

Cuba después de la revolución de Fidel Castro también tiene un componente fuertemente anticatólico. La iglesia se opone a la revolución y luego sufre consecuencias importantes. Es hasta 1998 con la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba que las relaciones se van distendiendo.

Hay otros países más seculares como Uruguay o Ecuador.

Pero, la mayor parte de los países de América Latina tienen relación con la iglesia.

Hay países donde todavía se jura con la Biblia y algunos que nancian a la iglesia, como Perú o Argentina. Ahí la iglesia tiene presupuesto para pagar cardenales, obispos o actividades sociales. En México nunca fue así.

En México, hay mucha curiosidad alrededor la religión del presidente AMLO. Dice ser cristiano “en la extensión amplia de lo que signica el cristianismo” y seguidor de Jesucristo. En su campaña a la presidencia se alió al Partido Encuentro Social (PES), de dirigentes evangélicos.

AMLO es un presidente muy peculiar, con una actitud religiosa difusa.

En sus conferencias mañaneras muchas veces utiliza pasajes bíblicos, por lo que muchos lo critican por ser un “presidente predicador”.

Como candidato mostró su gran apego a principios religiosos. Ante los obispos se dijo católico. También ha dicho que lleva una estampita de la virgen de Guadalupe en su cartera, cosa que no haría un evangélico.

Morena, el nombre de su partido, hace alusión a la virgen y comenzó su campaña el 12 de diciembre, el día que se le rinde culto.

Todos esos elementos conforman el perfil de un católico, pero al mismo tiempo se mostró muy abierto sobre todo con los pentecostales al hacer coalición política con el Partido Encuentro Social (PES) y al decir que se consideraba un cristiano en sentido amplio.

La sensibilidad religiosa de AMLO se mostró muy abierta y difusa. Bien daba para los católicos y para los protestantes.

Al asumir la presidencia, además, realizó dos actos. Uno que podríamos considerar republicano, al interior de la cámara de diputados, y otro para-religioso, que no fue ni católico ni evangélico, sino neo mexicano, con copal y caracoles en la plancha del Zócalo de la Ciudad de México, donde se hacían grandes ceremonias de la cultura azteca.

Con esta especie de limpia, dio a entender que era una puricación para ayudar a limpiar al país. Ahí mismo declaró sus compromisos, no ante los políticos, sino ante el pueblo, en una actitud casi mística.

Pero a la vez dice que quiere emular a Benito Juárez, el liberal por antonomasia…

Sí, AMLO también arma la importancia del estado laico. Pero lo identica con la libertad religiosa y no acentúa el tema de la separación entre iglesia y Estado.

Un Estado laico garantiza el derecho de creer o no creer, de tener o no una confesión religiosa.

Un ateo tiene tanto derecho como un católico.

Para que exista una verdadera libertad religiosa, el Estado no puede mostrar inclinación alguna por ninguna de las creencias. Se tiene que mantener equidistante de cada uno, incluso de los mayoritarios, porque eso le permite tener la libertad de garantizar las creencias y los derechos de los ciudadanos.

El Estado mexicano está obligado a defender las minorías religiosas y no religiosas, que pueden ser aplastadas por mayorías católicas, cuando, por ejemplo, dicen los obispos que los católicos son mayoría y en su nombre se oponen al aborto.

Es una parte importante porque cuando llega AMLO al poder, tiene un claro vínculo con la dimensión política, sobre todo de los evangélicos.

Es también una tendencia en América Latina, el aumento de eles evangélicos y su presencia en la política…

Al reducir los católicos, han aumentado los evangélicos. En países centroamericanos, en Brasil, Colombia, hay candidatos evangélicos, incluso a la presidencia.

En Brasil, Jair Bolsonaro, aunque es católico, triunfa -entre otros factores- por el apoyo decidido de las dos grandes iglesias evangélicas de ese país.

La presencia política de los evangélicos, sobre todo pentecostales y neo pentecostales ha crecido de una manera muy importante.

Pero en México el PES fue tan poco votado que hasta perdió el registro.

Aunque la presencia de evangélicos es minoritaria, es muy disciplinada y podría votar en bloque. Hay una tesis que dice que “cristiano vota cristiano”.

Aunque no todas, muchas iglesias venden a los políticos esta perspectiva.

En América Latina, a excepción de la mexicana y quizá la brasileña, las elecciones se han decidido por márgenes muy pequeños. Ahí, el voto disciplinado, que es en bloque, adquiere una fuerza tremenda.

En México causó mucha molestia la alianza electoral de AMLO con el PES. Pero, AMLO nunca imaginó que iba a tener ese nivel de arrastre que tuvo. Por eso pactó.

Pero, a contramano de lo que pasa en América Latina, vemos que no es tan fuerte.

En México, los evangélicos votaron por AMLO, pero no por el PES.

También los católicos y no creyentes votaron como ciudadanos, no como religiosos, a diferencia de otros procesos electorales en América Latina.

Aunque, es importante resaltar que aunque es así ahora, no quiere decir que no se pueda dar en el futuro.

Las iglesias juegan con su voto. Unos para venderlo, otros lo usan como castigo.

¿Tiene algún ejemplo en México?

En las elecciones intermedias de 2016, la iglesia católica dice que castigó al PRI, entonces en el gobierno y que se desplomó en esas elecciones, porque el expresidente Enrique Peña Nieto, se había pronunciado a favor de los de los matrimonios homosexuales.

Las iglesias juegan con el peso del voto religioso, pero en México hasta ahora no ha tenido un correlato como en otros países latinoamericanos.

Pero, la clase política sí los ha comprado. Solo así podemos entender esta alianza con el PES, que a la larga fue desastrosa, porque no aportó los votos.

Ahora, un tema que está en el centro del debate es que AMLO dice que buscará la manera de destinar espacios y tiempos de radio y televisión a las iglesias para la difusión de sus mensajes.

En su visión enfatiza el tema de la libertad religiosa y por eso se muestra abierto.

Pero, el problema es más de fondo. El tema no es el acceso de las iglesias a los medios. Eso ya existe. En la televisión abierta nacional se ven los mensajes de la iglesia Pare de Sufrir, una sucursal de la Iglesia Universal del Reino de Dios, que llevó a Bolsonaro al poder en Brasil.

En las estaciones de radio se oyen muchas prédicas de varios grupos religiosos.

El problema no es el tema del acceso. Que había que revisarse, porque está prohibido.

El artículo 16 de las asociaciones religiosas prohíbe, la posesión y administración de medios y también señala que cuando hay una transmisión religiosa tiene que haber un permiso ex profeso y especial, cosa que no se tiene.

El presidente apela a libertad religiosa…

Tiene un argumento que es valido, pero su respuesta no es tanto.

Dice que la crisis de valores que vive el país, se concreta en los altos niveles de corrupción. En el fondo lo que plantea es una especie de ruptura muy profunda entre la ética y la política, entre los principios y el ejercicio del poder.

Y una de sus respuestas es una “Cartilla Moral”. Porque frente a la crisis de valores hay que recuperar los valores fundamentales de las religiones que ayuden al restablecimiento del tejido cultural no corrupto. Y valores que profundicen el sentido del bien, de la paz, del pueblo bueno.

Pero el problema no se ataca de fondo. Porque el problema de la corrupción es que se da en el Estado. En los vínculos entre empresarios y funcionarios, en la asignación de recursos públicos, entre otros.

El problema está claro, pero la solución no. No basta introducir cartillas religiosas para resolver la corrupción .

También, desde la perspectiva de la secularidad quedan elementos no religiosos que hay que trabajar con fuerza. Por ejemplo la cultura de la legalidad. En México está muy poco desarrollada, no la tenemos como país, como existe en Uruguay o Chile.

Entonces se recurre a las religiones como los grandes principios.

Efectivamente hay una crisis de valores, y es importante enseñar civismo a los niños. Pero esa no es la solución al problema.

Ahí es donde muchos grupos están desconcertados con esta famosa constitución moral. Con esta introducción de valores religiosas y sobre todo el papel que le está dando a las religiones.

AMLO da demasiada entrada a los principios religiosos y muchos nos preguntamos si es la mejor solución.

El problema es que muchos evangélicos se sienten muy alentados porque creen que la cuarta transformación que propone AMLO no solo es un nuevo régimen pacífico, sino una revolución espiritual.

Está muy enrarecida la atmósfera, no hay claridad. No podemos estar pensando en que AMLO va a encabezar una revolución espiritual en un país de una larguísima tradición laica y laicista.

¿Es esto inédito en México?

Estamos en un curso inédito. Probablemente estemos en un régimen post anti religioso.

Pareciera ser, sobre todo el presidente, porque muchos de sus colaboradores cercanos vienen de una tradición laica, que AMLO esta muy comprometido con esta causa de romper esta tradición de un laicismo anti religioso e introducir un laicismo de colaboración con los valores religiosos y el ejercicio del poder.

A mi me parece un riesgo importante porque no estamos hablando de algo hipotéticos. En México ya se sufrieron tres guerras donde la religión estaba entres los motivos centrales.