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Peregrinación Nacional Virgen de los Treinta y Tres 2019

Sin categoría Alocución de Mons. Jaime Fuentes en reunión del Parlasur

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Esta reunión del Parlasur, dedicada al diálogo interreligioso, tiene quizás algo de profecía: es un anuncio de algo nuevo y bueno, de algo ineludible. Me refiero a la necesidad de empezar a cultivar entre nosotros, que formamos una sociedad de hombres y mujeres libres, el mutuo y verdadero conocimiento de nuestras religiones.

Si estamos de acuerdo como sociedad en que la educación es la base de una convivencia serena, ¿cómo excluir de ella, de la educación, la esencial dimensión religiosa de la persona? Por eso, este diálogo que se inaugura hoy en el ámbito del Parlasur, es de desear que sea el arranque para tomar decisiones de importancia que influirán positivamente en nuestra convivencia social. Pienso que para eso es necesario, por decirlo de una manera expresiva, perderle el miedo a Dios y dejarlo entrar en el ámbito de nuestra educación.

Esto significa que ella esté abierta, en primer lugar, al hecho religioso en sí mismo: el hombre, con toda justicia, se ha definido como animal religioso. ¿Cómo pasar por alto en la educación este dato esencial? Perderle el miedo a Dios quiere decir favorecer una laicidad positiva que no sólo tolere las religiones fuera de las aulas de nuestras escuelas, sino que le abra sus puertas, porque ha entendido la función irreemplazable de la religión para la formación de las conciencias y para su contribución a la creación de un consenso ético fundamental en la sociedad.

Nuestro Estado uruguayo es aconfesional y es bueno que así sea. La laicidad positiva no pretende que el Estado valore los dogmas religiosos, sino la contribución de las iglesias al bien común, es decir, los frutos sociales que se derivan de las convicciones religiosas de la ciudadanía. Para esto es necesario abrirle las puertas a Dios en nuestra educación.

El Papa Francisco, desde que fue elegido para guiar a la Iglesia Católica, está predicando por todo el mundo que es necesario cultivar la “cultura del encuentro”, de manera que aprendamos a conocernos, a respetarnos, a servirnos y a querernos como hermanos, porque somos todos hijos del único Dios que es amor. A Él le pido que nuestro diálogo de hoy sea el comienzo de algo nuevo, de algo muy bueno para todos.