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Papa Francisco

“Dios abre nuevas puertas cuando las viejas están cerradas”: Mons. Martin Krebs en el 75 aniversario de la Parroquia Nuestra Sra. de la Guardia

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Foto Parroquia Nuestra Sra. de la Guardia

El Nuncio Apostólico en Uruguay, Mons. Martin Krebs, presidió el 29 de agosto la Misa en que se celebró el 75 aniversario de la fundación de la Parroquia Nuestra Señora de la Guardia en Montevideo, a cargo de la Congregación Pequeña Obra de la Divina Providencia (Hijos de Don Orione). En la homilía, el representante del Papa en Uruguay animó a  los presentes a “aceptar la invitación del Papa Francisco y a ser más que nunca mensajeros del Evangelio, con el ejemplo y también con la palabra”. También los animó a hitos llevar “juntos” el “amor de Dios a los demás” y a no dejar que “el amor muera en nuestros corazones, porque podemos encontrar nuevas formas de expresarlo”.

Junto con Mons. Krebs celebraron la Misa desde el altar el Párroco, P. Julio Robledo fdp, el Secretario de la Nunciatura, Mons. Simón Bolívar Sánchez Carrión y otros sacerdotes de la Congregación.

Al inicio de su prédica, el Nuncio Apostólico repasó algunos momentos de la llegada a Uruguay de los hijos de San Luis Orione y destacó la especificidad del carisma: el “apostolado de la caridad entre los jóvenes, especialmente en las parroquias, en los oratorios y en centros religiosos”; y el “apostolado entre los pobres y entre los trabajadores, promoviendo el amor a Jesús, a la Iglesia y al Papa”. “Ya en el 1921, Don Orione envió a los primeros misioneros a Uruguay, en el 1936 hacía él mismo un viaje misionero al Uruguay. Unos años después de este viaje, en 1944, se fundó esta parroquia”, recordó. “Dios ha hecho en ella muchas cosas buenas desde entonces”, subrayó Mons. Krebs, al tiempo que señaló que “los sacerdotes, religiosos e innumerables voluntarios que han orado y trabajado aquí, han sido recordados por muchos como testigos del Evangelio que han prestado su ayuda en graves emergencias”.

En su homilía Mons. Krebs reconoció que “la parroquia vive sus responsabilidades en un presente que es muy diferente al de su infancia, hace 75 años.”. “Muchos cristianos hoy en día ya no asisten a la Misa con frecuencia, o no asisten en absoluto, a diferencia de lo que era habitual en aquella época. Muchas personas piensan que no tienen tiempo para la Misa y no la consideran útil. Además, mucha gente conoce poco o nada acerca de nuestra fe cristiana”, describió. El representante del Papa destacó que pese a la actual coyuntura “no debemos dejar que el amor muera en nuestros corazones, porque podemos encontrar nuevas formas de expresarlo. De la misma manera, muchas personas sienten desconfianza hacia la Iglesia y solo recuerdan las malas experiencias que han tenido. Pero el amor puede reavivarse en sus corazones”.

Reflexionando en torno al Evangelio proclamado (Mc 6,17-29), en el que se relata el martirio de Juan el Bautista por decisión del  rey Herodes y su  esposa, el Nuncio Apostólico manifestó que su martirio no fue en vano y “nos anima hoy a defender abiertamente la justicia en público, aunque sabemos que estamos desafiando la ira y la venganza de personas poderosas”. “Juan había preparado el tiempo de Jesús, y esta preparación ya había concluido. Juan había predicado el arrepentimiento para recibir a Jesús, y después Jesús trajo la misericordia y la alegría. La demostración es muy clara. En el capítulo que sigue al asesinato de Juan en el Evangelio de Marcos, leemos que Jesús tuvo una gran fiesta con la gente, a la que todos fueron invitados y nadie tuvo que pagar nada. La nueva puerta fue abierta por Jesús, gracias a la preparación de Juan”, explicó Mons. Krebs. En este sentido afirmó que “también en la iglesia de nuestros tiempos ha comenzado una nueva época. Antiguamente, los fieles se sentían sobre todo receptores de la buena nueva. Hoy, sin embargo, nos estamos dando cuenta, en mayor medida que antes, que todos son también mensajeros del Evangelio. Esta es la nueva ‘puerta´ que se abre, después de los viejos tiempos. Por eso quiero animar a todos ustedes a aceptar la invitación del Papa Francisco y a ser más que nunca mensajeros del Evangelio, con el ejemplo y también con la palabra”.

“Dios abre nuevas puertas cuando las viejas están cerradas. También en la parroquia de Nuestra Señora de la Guardia está abierta la puerta de esta nueva era. ¡Llevemos juntos el amor de Dios a los demás!”, concluyó Mons. Krebs.

 

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Foto de Pquia. Nuestra Sra de la Guardia

Texto completo de la homilía pronunciada por Mons. Martin Krebs, Nuncio Apostólico en Uruguay en el 75 aniversario de la fundación de la Parroquia Nuestra Señora de la Guardia (Montevideo) 

Querido Don Julio, párroco de Nuestra Señora de la Guardia, queridos hermanos en el sacerdocio, hermanos y hermanas en la fe, especialmente queridos niños y jóvenes:

Estoy muy contento de celebrar con ustedes hoy el 75 aniversario de la fundación de su parroquia, Nuestra Señora de la Guardia. El nombre de la santa patrona de su parroquia muestra que la generación de los fundadores tenía raíces italianas. En la actualidad, como he oído, las tradiciones eclesiales italianas siguen estando muy vivas aquí. Ustedes, queridos hermanos de la Congregación “Hijos de la Divina Providencia” de San Luis Orione, muestran claramente los frutos que provienen de estas raíces. Según los documentos oficiales de su Congregación (cf. Annuario Pontificio 2019, p. 1408), se dedican al apostolado de la caridad entre los jóvenes, especialmente en las parroquias, en los oratorios y en centros religiosos; y se dedican también al apostolado entre los pobres y entre los trabajadores, promoviendo el amor a Jesús, a la Iglesia y al Papa. Ya en el 1921, Don Orione envió a los primeros misioneros a Uruguay, en el 1936 hacía él mismo un viaje misionero al Uruguay. Unos años después de este viaje, en 1944, se fundó esta parroquia, y Dios ha hecho en ella muchas cosas buenas desde entonces. Los sacerdotes, religiosos e innumerables voluntarios que han orado y trabajado aquí, han sido recordados por muchos como testigos del Evangelio que han prestado su ayuda en graves emergencias.

Como hemos oído, el “amor al Papa” es uno de los fines de la comunidad religiosa de Don Orione, y por eso me siento particularmente a gusto con ustedes, como representante del Papa Francisco. Me imagino que esta noche él mismo podría estar aquí en mi lugar, para repetir lo que una vez escribió:

El aporte de la Iglesia en el mundo actual es enorme. Nuestro dolor y nuestra vergüenza por los pecados de algunos miembros de la Iglesia, y por los propios, no deben hacer olvidar cuántos cristianos dan la vida por amor: … se desgastan en la educación de niños y jóvenes, o cuidan ancianos abandonados por todos, o tratan de comunicar valores en ambientes hostiles, o se entregan de muchas otras maneras que muestran ese inmenso amor a la humanidad que nos ha inspirado el Dios hecho hombre. Agradezco el hermoso ejemplo que me dan tantos cristianos que ofrecen su vida y su tiempo con alegría. Ese testimonio me hace mucho bien y me sostiene en mi propio deseo de superar el egoísmo para entregarme más (EG 76). Queridos hermanos y hermanas, con gusto suscribo estas palabras del Papa.

La parroquia vive sus responsabilidades en un presente que es muy diferente al de su infancia, hace 75 años. Muchos cristianos hoy en día ya no asisten a la Misa con frecuencia, o no asisten en absoluto, a diferencia de lo que era habitual en aquella época. Muchas personas piensan que no tienen tiempo para la Misa y no la consideran útil. Además, mucha gente conoce poco o nada acerca de nuestra fe cristiana. ¿Significa esto que deberíamos cerrar la parroquia, o toda la Iglesia? ¿Significa eso que debemos convertirnos en una ONG de asuntos sociales? ¿Deberíamos dejar de hablar de Dios?

Bastantes personas han tenido malas experiencias en sus vidas y han perdido las esperanzas que los impulsaban cuando todavía eran jóvenes: solo son capaces de ver puertas cerradas alrededor de ellos. Una vez, aquí en Montevideo, conocí a una mujer de mediana edad que me habló de su ex marido. Ella no podía perdonarlo, porque él la había traicionado. Se divorciaron, pero ella no lograba olvidar el tiempo que pasó con él. Justo antes de despedirnos, la mujer me dijo que dentro de dos días sería el aniversario de su boda. A pesar de todo lo sucedido, ella todavía recordaba esa fecha. Le deseé un hermoso día cuando se despidió, porque el amor del pasado no pierde su valor cuando la persona está decepcionada. No debemos dejar que el amor muera en nuestros corazones, porque podemos encontrar nuevas formas de expresarlo. De la misma manera, muchas personas sienten desconfianza hacia la Iglesia y solo recuerdan las malas experiencias que han tenido. Pero el amor puede reavivarse en sus corazones.

Como la mujer decepcionada de la que les hablé, tal vez los discípulos de Juan el Bautista se sintieron de la misma manera. Sabemos, por el Evangelio, que el cobarde rey Herodes y su odiosa esposa lo habían matado. Por eso, la última frase de nuestro evangelio de hoy suena como una invitación a la tristeza infinita: “Cuando los discípulos de Juan supieron (que habían asesinado a Juan en la cárcel,) fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron. Juan había llevado su vida en rectitud con gran valor, pero se había convertido en una víctima de la cobardía y la violencia. ¿Entonces, su vida fue en vano? En la primera lectura leímos la profecía: Yo hago de ti una plaza fuerte, una columna de hierro, una muralla de bronce, frente a todo el país. ¿Lo habrían engañado estas las palabras del profeta Jeremías?

Hermanos y hermanas, ¡no, el ministerio de Juan no fue en vano! Hasta el día de hoy recordamos la rectitud y el extraordinario valor con que se opuso al Rey y a su esposa. El martirio de Juan todavía nos anima hoy a defender abiertamente la justicia en público, aunque sabemos que estamos desafiando la ira y la venganza de personas poderosas.

Además, un proverbio dice: “Cuando una puerta se cierra, Dios abre una nueva”. Juan había dicho claramente en sus sermones: Después de mí viene uno más poderoso que yo (Mc 1,7). Juan había preparado el tiempo de Jesús, y esta preparación ya había concluido. Juan había predicado el arrepentimiento para recibir a Jesús, y después Jesús trajo la misericordia y la alegría. La demostración es muy clara. En el capítulo que sigue al asesinato de Juan en el Evangelio de Marcos, leemos que Jesús tuvo una gran fiesta con la gente, a la que todos fueron invitados y nadie tuvo que pagar nada. La nueva puerta fue abierta por Jesús, gracias a la preparación de Juan.

También en la iglesia de nuestros tiempos ha comenzado una nueva época. Antiguamente, los fieles se sentían sobre todo receptores de la buena nueva. Hoy, sin embargo, nos estamos dando cuenta, en mayor medida que antes, que todos son también mensajeros del Evangelio. Esta es la nueva “puerta” que se abre, después de los viejos tiempos. Por eso quiero animar a todos ustedes a aceptar la invitación del Papa Francisco y a ser más que nunca mensajeros del Evangelio, con el ejemplo y también con la palabra. El Papa escribe:

En virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero (cf. Mt 28,19)… Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús (EG 120). Tu corazón sabe que no es lo mismo la vida sin Él; entonces eso que has descubierto, eso que te ayuda a vivir y que te da una esperanza, eso es lo que necesitas comunicar a los otros (EG 121). Pienso (también) en la fe firme de esas madres al pie del lecho del hijo enfermo que se aferran a un rosario, aunque no sepan hilvanar las proposiciones del Credo, o en tanta carga de esperanza derramada en una vela que se enciende en un humilde hogar para pedir ayuda a María, o en esas miradas de amor entrañable al Cristo crucificado (EG 125).

Queridos hermanos y hermanas, Dios abre nuevas puertas cuando las viejas están cerradas. También en la parroquia de Nuestra Señora de la Guardia está abierta la puerta de esta nueva era. ¡Llevemos juntos el amor de Dios a los demás! Amén.