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La Iglesia en los medios La canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II

EL ESPECTADOR |

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Por primera vez en la historia de la Iglesia dos papas, uno en plenos poderes y otro jubilado, concelebraron la misa en la que fueron proclamados santos otros dos pontífices, en una jornada que ya se conoce como el “día de los cuatro papas”.

Dos papas vivos, Francisco y el emérito Benedicto XVI, coincidieron esta mañana en la ceremonia de canonización en la Plaza de San Pedro de los dos papas más venerados del siglo XX, Juan Pablo II y Juan XXIII.

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Francisco dijo que los papas que hoy proclamó santos, Juan XXIII y Juan Pablo II,“restauraron y actualizaron la Iglesia según su fisionomía originaria”, durante su homilía en la misa de canonización de ambos pontífices.

Ante los cientos de miles de fieles que se congregaron en la plaza de San Pedro y que abarrotaron los aledaños, el papa indicó que los dos nuevos santos “fueron dos hombres valerosos, llenos de la parresia (termino griego que significa libertad) del Espíritu Santo, y dieron testimonio ante la Iglesia y el mundo de la bondad de Dios, de su misericordia”.

De ellos, Francisco recordó, en una homilía pronunciada en italiano, que “conocieron sus tragedias, pero no se abrumaron”.

“En ellos, Dios fue más fuerte”, exclamó.

Francisco comenzó comentando el episodio bíblico sobre Santo Tomás que toca las llagas de Jesús resucitado y luego subrayó cómo Karol Wojtyla y Angelo Roncalli “tuvieron el valor de mirar las heridas de Jesús, de tocar sus manos llagadas y su costado traspasado”.

San Juan XXIII y San Juan Pablo II, como los llamó ya el pontífice, “no se avergonzaron de la carne de Cristo, no se escandalizaron de él, de su cruz; no se avergonzaron de la carne del hermano, porque en cada persona que sufría veían a Jesús”, agregó.

Para el papa Jorge Bergoglio, “en estos dos hombres contemplativos de las llagas de Cristo y testigos de su misericordia había una esperanza viva, junto a un gozo inefable y radiante”.

Una esperanza y un gozo, “que los dos papas santos recibieron como un don del Señor resucitado, y que a su vez dieron abundantemente al Pueblo de Dios, recibiendo de él un reconocimiento eterno”.

Para el papa “esta esperanza y esta alegría se respiraba en la primera comunidad de los creyentes” en la que se vivía “el amor, la misericordia, con sencillez y fraternidad”.

“Y ésta es la imagen de la Iglesia que el Concilio Vaticano II tuvo ante sí. Juan XXIII y Juan Pablo II colaboraron con el Espíritu Santo para restaurar y actualizar la Iglesiasegún su fisionomía originaria, la fisionomía que le dieron los santos a lo largo de los siglos”, explicó.

Francisco dijo que al convocar el Concilio Vaticano II (1962), Juan XXIII demostró “una delicada docilidad al Espíritu Santo, se dejó conducir y fue para la Iglesia un pastor, un guía-guiado. Éste fue su gran servicio a la Iglesia; fue el Papa de la docilidad al Espíritu”.

Mientras que al pontífice polaco Francisco le definió como “el papa de la familia”.

“Él mismo, una vez, dijo que así le habría gustado ser recordado, como el papa de la familia. Me gusta subrayarlo ahora que estamos viviendo un camino sinodal sobre la familia y con las familias, un camino que él, desde el Cielo, ciertamente acompaña y sostiene”, agregó.

El pontífice argentino terminó su homilía pidiendo que “qué estos dos nuevos santos pastores del Pueblo de Dios intercedan por la Iglesia, para que, durante estos dos años de camino sinodal, sea dócil al Espíritu Santo en el servicio pastoral a la familia”.

“Qué ambos nos enseñen a no escandalizarnos de las llagas de Cristo, a adentrarnos en el misterio de la misericordia divina que siempre espera, siempre perdona, porque siempre ama”, concluyó Francisco.